Motivemos a Aprender

Actualizado: mar 31


Los niños tienen cualidades innatas que los hacen aprendices innatos: curiosidad e interés, iniciativa, perseverancia y creatividad. Estas características hacen que los primeros años de vida sean un período intenso de aprendizaje y desarrollo, pero a medida que los niños crecen podemos ir observando que esa motivación intrínseca por aprender a veces queda en segundo plano. Como padres, cuidadores y/o educadores podemos hacer pequeñas acciones que motiven a los niños a aprender y mantenerse curiosos.

Entendiendo la motivación

Detrás de cualquier aprendizaje, tenemos la motivación. Si estamos desmotivados, sabemos que no tenemos curiosidad, no encontramos ganas de estar en situaciones nuevas, y limitamos nuestras experiencias. Veamos cómo se desarrolla este componente fundamental para el aprendizaje en los niños.

Generalmente, los niños hacen las cosas simplemente porque tienen ganas de hacerlas. Elegir un juguete o iniciar un juego porque les nace de adentro, es lo que se llama "motivación intrínseca", y es el resultado de las cualidades innatas que ya mencionamos. El niño/a hace su propia elección, y dado que la motivación viene desde adentro, seguirá jugando mientras quiera continuar en la actividad.

Por otro lado, a medida que van creciendo los niños empiezan a hacer cosas porque los adultos les dicen, o en un esfuerzo por agradar a otros. Ejemplo: un papá le enseña a su hijo de 4 años a vestirse solo, y cada vez que lo hace le da un dulce de premio. En este caso, la motivación es extrínseca, y la recompensa, por lo tanto, viene de afuera. Tiene que ser otorgada por alguien más y debe mantenerse de forma continua para que el niño/a se mantenga lo suficientemente motivado. Por esta razón, el aprendizaje que viene de la motivación extrínseca es más difícil de mantener.

Cuando enseñamos algo o el niño aprende algo por su propia motivación y curiosidad de cosas nuevas, se tiene una sensación de logro y autosuficiencia mayor, y por lo tanto este aprendizaje se retiene de mejor manera, además de ser más significativo para el niño. Los padres pueden ayudar a construir esta confianza en sí mismo -que se relaciona también con una base de apego seguro- mediante la guía en los juegos y actividades de la vida diaria.

Cómo motivar el aprendizaje

En los niños pequeños, la meta de padres, cuidadores y/o educadores debe ir dirigida a apoyar de forma adecuada el desarrollo de una motivación intrínseca para que haya una base desde donde aprender. Los expertos recomiendan ser cautelosos con las "recompensas extrínsecas", ya que éstas pueden interferir de forma negativa con la motivación. En otras palabras: alabar a un niño/a porque hizo algo bien es apropiado, pero asegúrate de que no lo hace sólamente para que lo alabes.

En este sentido, pueden aparecer dificultades cuando el entorno del niño/a refuerza que la motivación por hacer algo viene de afuera, en lugar de las emociones personales de lograr algo (recompensas intrínsecas). Por ejemplo, cuando se le enseña a un niño que debe lavarse los dientes después de comer mediante premios, en lugar de inculcarlo como un hábito saludable para la correcta salud de sus dientes y boca. Ahora, suena simple pero en la práctica todos conocemos aquellos momentos en que ofrecer la recompensa extrínseca es cien veces más fácil y rápido que buscar las intrínsecas, pero aquí tenemos algunos consejos para motivar a los niños a aprender y mantenerse curiosos.

  • Asegúrate de que el entorno sea estimulante: juguetes adecuados para la edad y espacios especialmente pensados para el juego, de forma que el niño pueda seleccionar con qué quiere jugar y/o interactuar.

  • Cuando esté aprendiendo una habilidad nueva (como abotonar) dale tiempo suficiente para que pueda persistir, e intentar una y otra vez. Cuando están involucrados atentos en una actividad de aprendizaje (como leyendo un cuento), intenta no interrumpir.

  • Cuando no pueda hacer algo, resiste la urgente necesidad de "ayudar". Dale espacio para pedir ayuda pero mantente atenta.

  • Responde a las necesidades del niño/a de forma consistente y predecible, pero permíteles ser lo más independiente posible. Ojo que esto no significa ceder ante todo lo que el niño/a quiera, ya que como sabemos, los límites son muy importantes. Deja que el juego sea sin estructuras ni muchas reglas.

  • Asegura que hayan oportunidades de juego y exploración en conjunto con tu hijo/a. Es importante que te vea demostrar atención y observación, y puedes alentarlo a mostrar lo mismo.

  • Crea situaciones dentro del juego que sean un desafío aceptable. Si algo es levemente difícil el niño/a se sentirá motivado a lograrlo y la sensación de éxito será más grande que si la tarea es muy simple. Si es muy difícil, por el otro lado, impacta de forma negativa en la motivación.

  • Dale la oportunidad a los niños de evaluar sus propios logros. En lugar de decir "creo que lo hiciste muy bien", prueba, de vez en cuando preguntar "¿cómo crees que lo hiciste?"

  • Evita alabar en exceso. Sabemos que es difícil y que suena contradictorio. ¿No queremos motivar al niño?, deberíamos decirle todo el tiempo lo bien que lo está haciendo y lo hábil que es, ¿verdad? la verdad es que no. Esto tiende a menoscabar la habilidad del niño/a de valorarse a sí mismo, y es importante mencionar que las alabanzas y elogios deben basarse en el esfuerzo del niño y la persistencia, y no en el logro en sí de una tarea.

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