Pérdida Auditiva/Hipoacusia Infantil: lo que debemos saber

Los seres humanos nos conectamos con nuestro entorno a través de los sentidos, y especialmente durante los primeros años de vida -cuando estamos recién conociendo el mundo-, dependemos de los sentidos para entender y dar sentido a lo que nos rodea. El sentido de la audición juega un papel fundamental en la comunicación -y por lo tanto interacción- con otros, y además es crucial para el desarrollo cognitivo.

En el post de hoy hablamos de la pérdida auditiva en la infancia y su -tremendo- impacto en el desarrollo de los niños.



Un bebé escucha la voz de su madre y esto calma su llanto. Un niño escucha a sus padres conversar -aunque aún no comprende lo que dicen- y comienza a familiarizarse con las palabras y sonidos que ellos emiten. Otro niño en el colegio, en la sala de clases llena de sonidos, es capaz de "bloquear" aquellos sonidos que no necesita en ese minuto para poder poner atención a la instrucción de la profesora.


Con la audición, vienen asociados procesos mentales complejos que se encargan de asociar los sonidos con ideas abstractas y representaciones mentales. Es decir, se pasa de un elemento físico (ondas sonoras) a un concepto que tiene significado y nos comunica algo de otra persona o del entorno donde nos encontramos. Es así como, el desarrollo de la capacidad auditiva se encuentra estrechamente ligada al desarrollo del pensamiento y a los aprendizajes.


Período crítico

Como ya sabemos, en la infancia se dan períodos que son críticos para el desarrollo de ciertas habilidades. Son estas ventanas de tiempo donde es crucial que dichas habilidades se desarrollen, ya que el sistema nervioso está en su período de mayor sensibilidad al entorno para desarrollarla.

Para el lenguaje esta "ventana" son los primeros tres años de vida. Como ya mencionamos, el lenguaje se desarrolla bajo la influencia del estímulo sonoro, y su ausencia provoca una reorganización cortical (literalmente las neuronas de nuestro cerebro cambian su estructura de organización) que, tras el periodo crítico comprendido entre el nacimiento y los 3 años de edad, dificulta la capacidad de percibir adecuadamente los sonidos y provoca efectos en el desarrollo del lenguaje oral, intelectual, emocional y social del niño. Lo anterior puede sonar complejo, pero se traduce de la siguiente manera:


Es de crucial importancia detectar de forma precoz una disminución en la capacidad auditiva o hipoacusia, ya que de esto dependerá el pronóstico futuro del niño/a y su capacidad para comunicarse.


Números para ver la magnitud del problema

Según la Comisión para la Detección Precoz de la Hipoacusia (CODEPEH), el 80% de las sorderas infantiles están presentes en el momento del nacimiento y el resto son adquiridas o de comienzo tardío.

En los recién nacidos, según la Organización Mundial de la Salud:


✓ 5 de cada 1.000 recién nacidos padece una sordera de distinto grado. ✓ 1 de cada 1.000 recién nacidos presenta sordera severa o profunda. ✓ Alrededor de 2.000 familias, cada año, están afectadas por la presencia de una discapacidad auditiva en uno de sus hijos. ✓ El 60% de las sorderas infantiles tienen origen genético. ✓ Sólo en el 50% de los recién nacidos con sordera se identifican indicadores de riesgo


La incidencia de hipoacusia puede llegar a ser diez veces superior a la de la población general en los recién nacidos con determinados factores de riesgo, como complicaciones que han precisado cuidados en la Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales, hiperbilirrubinemia grave y precoz, así como historia familiar de hipoacusia infantil, y en los bebés prematuros.


¿Porqué ocurre?

Hay muchas y variadas causad de la hipoacusia infantil. En la siguiente tabla tenemos un resumen. Las más comunes son las causas congénitas, es decir las que están presentes en el nacimiento o poco después, y causas adquiridas, las que se manifiestan durante la niñez. La pérdida de audición puede ser consecuencia de una combinación de esos factores. De todos modos, no siempre es posible determinar la causa exacta



¿Y qué pasa si no escuchamos bien?

La repercusión más evidente de la pérdida de audición en la niñez tiene que ver con la adquisición del lenguaje, pero el trastorno también afecta al aprendizaje en su conjunto y al desarrollo de aptitudes y actitudes sociales, incluida la autoestima. La pérdida de audición no tratada a menudo se acompaña de un rendimiento académico deficiente. Para el niño, los problemas de comunicación pueden provocar un sentimiento de ira, estrés y soledad, y consecuencias emocionales y psicológicas perdurables que pueden afectar profundamente al conjunto de la familia.


Detección Precoz

Por el enorme impacto que tiene la audición en el desarrollo de la comunicación en los primeros años de vida, deben existir programas de detección precoz de hipoacusia en los recién nacidos (ojo, ideal para todos, no sólo los niños con factores de riesgo como los ya mencionados). La hipoacusia, a diferencia por ejemplo de una disminución en la agudeza visual, es más difícil de detectar ya que no es evidente al mirar a un bebé que no escucha, y en muchos casos puede pasar desapercibida si no es explícitamente evaluada.




La Comisión para la Detección Precoz de la Hipoacusia (CODEPEH), tiene las siguientes recomendaciones para la detección precoz de la hipoacusia congénita:


  • Antes del primer mes de vida: En todos los RN se practicará el cribado auditivo universal; se acepta que la técnica más apropiada son los potenciales evocados auditivos de tronco cerebral (PEATC) automáticos.

  • Tercer mes: los que no pasen el cribado auditivo, tendrán un diagnóstico audiológico con 3 meses de edad corregida.

  • Seis meses: en todos los niños con hipoacusia permanente se debe iniciar la intervención terapéutica adecuada a los 6 meses de edad corregida.


Como podemos ver, estas recomendaciones son bastante estrictas justamente por la importancia de pesquisar de forma oportuna e intervenir a aquellos niños que a esa edad muestren hipoacusia.


Referencias

Hipoacusias en la Infancia. M. Pinilla Urraca Servicio de Otorrinolaringología. Hospital Puerta de Hierro. Majadahonda. Madrid. EspañaForm Act Pediatr Aten Prim. 2017;10(2):58-68

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