¿Cómo son las emociones en los bebés?

La psicóloga infanto-juvenil María Jesús Lagos nos contó sobre el desarrollo socioemocional en la primera infancia en un post previo, y ahora nos cuenta un poco más sobre cómo y cuando exactamente se dan estas emociones en los niños. Es clave adentrarnos en el mundo socioemocional de los niños si pretendemos ser cuidadores disponibles, cariñosos y promotores de una riqueza emocional.



Aparición característica de las emociones según edad

De los 0 a 3 meses los bebés desarrollan la capacidad para responder a estímulos, comenzando a demostrar curiosidad e interés. Durante el primer mes, la calma del bebé se consigue al escuchar la voz de los cuidadores o al ser cargados en brazos. Comienzan a sonreír a la gente frente a sonrisas o a expresiones cariñosas.


Entre los 3 y 6 meses pueden ir anticipando lo que va a ocurrir, mostrando desagrado cuando esto no se cumple, el cual se expresa con ira o bien con cautela. La incomodidad o desagrado en infantes suele estar relacionada con la supervivencia. Comienzan a aparecer intercambios con los cuidadores, risas y gorgojeos. La risa pone en movimiento la confianza y afecto. Un infante que sonríe en respuesta a un adulto que sonría, va a aumentar las posibilidades de que se establezcan mejores relaciones vs uno que sonríe menos.


Entre los 6 a 9 meses comienza una característica búsqueda de respuestas sociales, junto con una expresión más diferenciada de emociones, tales como la alegría, sorpresa, ira y miedo. Puede aparecer también cierta ansiedad ante la separación de los cuidadores o ante la presencia de extraños, esto es totalmente normal.


Luego, de los 9 a 12 meses comienza a haber mayor preocupación por el cuidador, y la ansiedad ante extraños de la etapa anterior puede convertirse en miedo. Hay mayor demostración de sus estados de ánimo, ambivalencia y grados de emociones. En esta etapa se refleja la confianza y estilo de vínculo que han ido formando con las figuras de apego, tanto por la seguridad que sienten al separarse de ellos, o al verse expuestos ante extraños.

Debido al comienzo de los primeros pasos, los niños entre los 12 y 18 meses se muestran más exploradores de su ambiente, pero siempre manteniendo a sus personas de confianza como base segura. Cuando ya dominan la marcha suelen mostrarse más confiados y ansiosos por lograr su independencia. Aquí se refleja con mucha fuerza la calidad del vínculo con sus cuidadores, y la confianza que tienen con ellos para poder comenzar a caminar y así ir independizándose.


Por último, entre los 18 y 36 meses, vemos cómo se desarrolla la consciencia de sus propias limitaciones en la fantasía y en el juego, y al identificarse con adultos. Entre los 2 y 3 años, gracias a la marcha, empiezan a aparecer las emociones autoconscientes, tales como la empatía, desconfianza, desconcierto, vergüenza, culpa y orgullo, pues van comprendiendo que su existencia no está ligada a sus cuidadores. Por último, comienza a desarrollarse el negativismo, lo que va diferenciándolos de los otros (nexo artículo pataletas).


Desarrollo de la autorregulación

Es un proceso en que el niño aprende a controlar su propia conducta, para ajustarse a las exigencias y expectativas de sus figuras de cuidado, incluyendo aspectos físicos, emocionales, cognitivos y sociales. El logro total de esta tarea tarda casi 3 años y se da en paralelo con el desarrollo de las emociones autoconscientes mencionadas anteriormente.

Es importante que los padres comprendan como se va desarrollando este proceso, ya que muchas veces se les exige a los niños responder de cierta manera, la cual no es esperada para su edad y maduración cerebral. Hay que conocer el repertorio de expresión y comunicación con que cuentan los niños en las determinadas edades, ya que van a ayudar a los padres en la búsqueda de una solución, y a las expectativas que puedan tener con respecto a sus hijos. Es decir, no podemos esperar que un niño de 2 años tenga todas las herramientas para calmarse solo si tiene una pataleta, por ejemplo. No podemos pensar que un bebé de 6 meses pueda calmarse solo si está llorando en su cuna, ya que por su nivel de maduración cerebral es absolutamente normal y esperable que requiera ser calmado por un adulto. En este sentido a veces los adultos sobrestimamos a los niños y esperamos respuestas de ellos que no son acorde a su edad ni a sus herramientas psicológicas.


Cabe destacar, que siempre existe influencia del contexto y del ambiente en el desarrollo de los niños, pudiendo anticipar o retardar la aparición de ciertas emociones. Por ejemplo: una situación traumática puede anticipar la experiencia del miedo. Lo mismo ocurre con la cultura, la cual puede ir variando los patrones de desarrollo. Por ejemplo, se ha visto que en culturas donde hay varias figuras de cuidado (como en tribus africanas) los niños se muestran más sociables y con menos ansiedad ante la separación con sus cuidadores o aparición de extraños.

Otro dato importante de aclarar, es que durante la primera infancia no hay diferencias importantes de sexo en el desarrollo psicosocial, por lo tanto, las diferencias que puedan aparecer a esta edad son meramente debidas a un tema cultural. No es cierto cuando oímos que los niños son más “rabiosos” que las niñas, las cuales son más “lloronas”. En este período no hay relación entre el sexo y las emociones, tanto su origen, como expresión. Tampoco en los distintos logros del desarrollo de acuerdo a cada edad. Esto es muy relevante ya que muchas veces los temas culturales van transformándose en crianzas basadas en prejuicios, que influyen y limitan la adecuada expresión de emociones en los infantes.

Referencias:

Papalia, D. E., Wendkos Olds, S., & Duskin Feldman, R. (2001). Psicología del desarrollo (8va. ed.). México: McGrawHilI.

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