¿Qué Sabemos del Déficit Atencional?

Actualizado: abr 5


Hoy en día está muy en boga en concepto de “Déficit Atencional”: solemos oírlo en ámbitos educacionales, sociales, familiares y personales. A pesar de ser el mayor motivo de consulta en salud mental, afectando tanto a niños como a adultos, existen aún muchos mitos con respecto a este cuadro. Por esto, la psicóloga infanto-juvenil María Jesús Lagos nos cuenta a continuación este concepto en cuanto a sus síntomas, comorbilidades, y mitos.

"No soy malo, tengo TDAH".

¿Qué es el TDAH?

El TDAH (Trastorno de déficit atencional con hiperactividad) es una de las patologías más presentes en neurología y psicología infantil. Ésta tiene tres subtipos, los cuales pueden ser según predominio de la desatención, predominio de la hiperactividad o mixto; es decir, partimos derribando aquel mito y aclarando que no todo niño con TDAH es inquieto. Es un cuadro crónico con síntomas persistentes, de inicio temprano y no es causado por un estresor ambiental (por ejemplo: separación de los padres, cambio de colegio, etc).

Los síntomas se basan en tres pilares, los cuales son la desatención, hiperactividad e impulsividad, sin embargo, si los desglosamos podemos observar distintas manifestaciones del cuadro. En términos generales, podemos observar personas con dificultad para mantener la atención, escasa organización y falla en el procesamiento de la información, que trae como consecuencia problemas de memoria. Es importante aclarar que no hay problemas por fallas en la memoria en sí, sino que ésta presenta dificultades por las fallas en la incorporación de la información. En cuanto a las actividades, dan la impresión de ser niños/as desorganizados y de no ir dirigidos a una meta, junto una escasa persistencia en su realización. La impulsividad se refleja en conductas como no respetar turnos, interrumpir juegos y conversaciones y responder antes de escuchar la pregunta. Emocionalmente experimentan impaciencia y ansiedad, reacciones intensas con difícil regulación y baja tolerancia a la frustración.

Desde el punto de vista psicomotriz, observamos -en general- niños y niñas que se mueven excesiva e innecesariamente y torpeza motora por no poner atención a los movimientos. Son aquellos niños que la mamá comenta "no se queda quieto nunca" y que parece que tuvieran una pila incorporada, o bien niños que se golpean con los muebles, se tropiezan con nada o rompen cosas sin querer. Académica y laboralmente podemos observar cierta dificultad para seguir instrucciones y un rendimiento inestable.

¿De dónde viene?

Si bien no se ha encontrado evidencia suficiente para poder establecer la causa del trastorno, han aparecido ciertos hallazgos que dan luz de distintas bases posibles. Se ha podido establecer que existe una gran relación entre padres e hijos con este diagnóstico, lo que refleja un componente hereditario importante.

Neurológicamente se ha observado una disminución en la actividad metabólica de las regiones del cerebro encargadas de regular la atención y el juicio en situaciones sociales y en movimiento. También se han registrado alteraciones cerebrales en el área prefrontal, que generan falta de atención, distractibilidad e incapacidad para inhibir una respuesta, junto con alteraciones en la corteza premotora que se refleja en inquietud.

¿Cómo se manifiesta?

Teniendo en cuenta siempre que cada niño/a es distinto, les contamos a continuación cómo se ve a grandes rasgos un niño/a con TDAH a lo largo del ciclo vital.

Durante el primer año de vida podemos observar a lactantes con problemas de alimentación y sueño, cólicos, irritabilidad y poca capacidad de adaptación. Al adquirir la marcha (1 – 2 años) el niño corre y no camina, es destructor, inquieto, no evalúa peligros, constantemente está explorando y da la sensación de que nada lo entretiene.

A los 3 – 4 años los niños/as con TDAH se muestran demandantes, impacientes, hacen pataletas difíciles de manejar y constantemente están cambiando de actividad. En el jardín infantil cuesta enseñarles normas y no se adaptan a juegos grupales, provocando rechazo social. Al ingresar a la etapa preescolar, a los 4-5 años, los niños sigue presentando dificultades de adaptación y problemas para acatar normas y seguir instrucciones.

Si bien la presentación del cuadro no se delimita exclusivamente al área académica, es donde hay mayor expresión de síntomas debido al contexto y al tipo de estímulos, actividades y exigencias a los cuales están expuestos los niños. Por esto, durante la enseñanza básica, entre los 6 a 12 años, es donde el trastorno se hace más notorio -si antes no había sido detectado- y es donde vemos niños con problemas de rendimiento, distraídos e impulsivos en la sala de clases, lentos para completar tareas y que constantemente pierden o se le quedan las cosas. Los padres suelen referir que están siempre “en la luna”, que constantemente tienen la necesidad de correr y saltar, se mueven al estar sentados y que hablan sin parar. Todo esto frecuentemente acompañado de una baja autoestima por parte del niño/a, ya que comienzan las etiquetas a nivel social y puede que sea aquel niño que los profesores llaman "niño problemático" o "el que distrae" del curso.

Al llegar la adolescencia, podemos ver jóvenes que presentan mucha angustia, ansiedad e irritabilidad. Presentan conductas muy impulsivas, en ocasiones incluso de riesgo, lo que los lleva también a ser más propensos a sufrir accidentes. Se quejan de ser inquietos y de presentar dificultad para dedicarse a actividades sedentarias tranquilas o monótonas.

Por último, en la adultez seguimos observando la incapacidad para permanecer sentados mucho tiempo, pero se acompañan de la necesidad de estar siempre ocupados o realizando alguna actividad. Existe también mucha frustración asociada a las dificultades en la organización del tiempo y las actividades, junto con la sensación de problemas de memoria por causa de un mal procesamiento de la información por desatención.

¿De qué se puede acompañar?

Como podemos observar, el TDAH es un diagnóstico que acompaña a una persona a lo largo de su vida, y si bien hay distintas expresiones según la etapa en la que se encuentra la persona, existen ciertas características que se mantienen. Dentro de estas encontramos los problemas de atención, impulsividad, baja tolerancia a la frustración y baja autoestima.

Debido a esto, la probabilidad de desarrollar otros problemas en combinación con el TDAH es muy alta, y por eso se hará énfasis más delante de un buen tratamiento. Como causa de los problemas de autoestima, acompañado de las constantes críticas y decepciones de los padres y colegio, es muy común que los niños presenten cuadros depresivos, ansiedad y en extremos más graves, conductas suicidas. También, los padres suelen estar muy frustrados, por lo que aumenta el riesgo de que sean niños víctimas de maltrato físico o psicológico. Por otra parte, reiterando las constantes críticas y “fracasos” a los cuales están expuestos, son más propensos a desarrollar trastornos de conducta y consumo de alcohol y drogas.

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