6 Cosas que no sabías del Juego Simbólico

Actualizado: mar 31


Juego de pretender

¿Qué es el juego simbólico? Es un tipo de juego que se da en la infancia, generalmente a partir de los 18 meses de edad, en donde lo que lo caracteriza es la utilización de símbolos que permiten "hacer como si" o pretender. La clave de este tipo de juego es la imaginación, ya que el niño/a puede, mediante actividades lúdicas y simbólicas, ser cualquier persona o cosa y realizar cualquier actividad. De esta manera, El juego simbólico es particularmente importante pues se refiere a la capacidad del pequeño para imitar situaciones de la vida real y ponerse en la piel de otras personas.

Real y Fantasía

El juego simbólico se inspira en las experiencias cotidianas que vive el niño y entornos que lo rodean. Los espacios que ocupa, las situaciones que experimenta, las personas que lo rodean, y las cosas que escucha. No es raro ver a una niña que tiene una hermana menor jugar a las muñecas e imitar a la mamá en la forma de cuidar a su bebé. Por otro lado, el juego simbólico tiene un componente de fantasía que es característico de este tipo de juego. Los niños incluyen cosas en el juego que son completamente ajenas a su realidad cotidiana, como seres mágicos y lugares de fantasía. De esta manera, en el juego simbólico los niños pasan continuamente de lo imaginario a lo real.

Fomenta el lenguaje

A pesar de que -como sabemos- todo está relacionado en el desarrollo y por lo tanto todos los tipos de juego promueven el lenguaje, el juego simbólico lo hace de forma diferente. Los niños tienen que usar el lenguaje para crear situaciones y realidades imaginarias, para interactuar con sus compañeros y para expresar lo que se les va ocurriendo. Nombrar objetos y personajes, narrar acciones con verbos, ponerle nombre a sentimientos etc. En cada momento del juego simbólico se está promoviendo también el lenguaje.

Promueve las habilidades sociales

Al comienzo, el juego es centrado en el propio niño y luego con sus padres, pero a medida que crecen, éste se va complejizando y haciendo cada vez más de interacción con otros niños. Al estar jugando en un contexto que involucra una alta participación social e interacciones con otros niños, este tipo de juego es excelente para promover las habilidades sociales. Los niños/as tienen que comunicarse para ponerse de acuerdo en las reglas y curso del juego, deben negociar cuando alguien gana o pierde, empatizar con el otro, etc. Además, aprenden de los roles sociales y de la conducta aceptada en la sociedad en distintas situaciones.

Potencia la creatividad

A pesar de que no hay estudios científicos formales aún que hayan demostrado una relación directa y comprobable, es intuitivo que este tipo de juego potencia de forma importante la creatividad en los niños y el pensamiento abstracto. Al jugar de manera simbólica (por ejemplo, jugar a la casita) los niños van narrando historias, creando personajes y pensando "fuera de la caja". En el juego simbólico no hay reglas, ni guías, ni requisitos que cumplir, lo cual es la perfecta fuente de creatividad.

En la actualidad, con el exceso de tecnología y acceso precoz de los bebés y niños al uso de pantallas, cada vez menos vemos a los niños desarrollando su creatividad con el juego simbólico, y por eso es fundamental promoverlo.

Refleja cognición

En gran medida, la manera en que un niño/a juega refleja su desarrollo cognitivo y funciones cerebrales superiores. En el juego simbólico, el niño tiene que ser capaz de operar mentalmente con símbolos o, lo que es lo mismo, de representar mentalmente un objeto, situación o personaje y jugar con esa idea en su mente. Tiene que tener la flexibilidad mental para transformar una cosa en otra: por ejemplo, un palo en una varita mágica o una espada. Esto implica que debe conocer también la función del objeto que imagina o de poder crear nuevas, y es la base para el futuro desarrollo del pensamiento abstracto ocurre durante la infancia y adolescencia. En este sentido, un niño/a que no juega de manera simbólica es algo para poner mucha atención: deberíamos observarlo atentamente y consultar con el pediatra. Esto podría ser un síntoma de que algo no funciona adecuadamente.

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