6 Maneras de Ayudar a mi hijo que es Defensivo Táctil

Actualizado: jul 13

Tener un hijo con defensividad táctil no es sencillo. Si bien es un trastorno de integración sensorial que puede presentarse con mucha variabilidad (niños que tienen mucha dificultad versus otros donde el cuadro es más sutil y difícil de detectar), en general es algo que altera la vida normal del niño/a y de su familia, pudiendo incluso afectar su aprendizaje escolar e integración social. Por eso, en este post te dejamos 6 maneras de ayudar a tu hijo defensivo táctil (o si eres terapeuta, ayudar a tu paciente durante la sesión).



Comprender y empatizar

Ésta es una de las maneras más poderosas de ayudar a tu hijo/a o paciente en tu consulta, y es mucho más simple de lo que creemos. Todo empieza con mirar al niño/a con otros ojos: los ojos de la comprensión y de ponernos en su lugar. Para ayudar, lo primero que tenemos que hacer es sacarnos todas las ideas preconcebidas que podamos tener sobre su comportamiento y emociones negativas. Tenemos que tener claro que su conducta se debe a un trastorno en el procesamiento sensorial a nivel de sistema nervioso. Es un hecho que el niño/a procesa la información táctil de manera distinta al resto, y no se trata de que el niño/a quiera manipular, o sea mañoso, o esté intentando llamar la atención. El niño no puede evitarlo, su sufrimiento e incomodidad son reales, y en consecuencia nosotros como adultos debemos comprenderlo para poder ayudarlo de la mejor manera posible.


Seguridad

Este punto se relaciona con el anterior. Si quiero ayudar a mi hijo/a a regular mejor las sensaciones táctiles, lo que NO tengo que hacer es bombardearlo con texturas que le generan rechazo o situaciones donde esté obligado a tocarlas. Puede parecer que esto le ayudará (como la supuesta lógica de tirar a la piscina a un niño que no sabe nadar) pero en realidad lo único que estamos logrando es que además del rechazo, ahora además el niño/a desconfíe de nosotros y tenga temor a cualquier situación similar. Debemos lograr -como padres y terapeutas o educadores- que el niño/a se sienta en confianza para poder ir introduciendo pequeños desafíos.


Presión profunda

El tacto ligero y superficial tiende a activarnos y ponernos alerta, además de sentirse incómodo. Imagina que sin previo aviso te pasan una pluma por la planta del pie: tu reacción es de retirar el pie, y probablemente alterarte o incomodarte ¿verdad?. Lo mismo pasa con los niños con defensa táctil, pero de manera amplificada. Por el contrario, la presión profunda tiene el efecto opuesto: los calma y los organiza.

A continuación te dejamos algunos ejemplos para aplicar este consejo

  • Envuelve a tu hijo/a firmemente en una frazada y hazlo girar por el suelo

  • Juego de almohadas (pesadas, como los almohadones de los sillones) donde tiene que empujarlas, o "aplastarlo" debajo de estos cojines

  • Masaje corporal usando tacto profundo

Dichos ejemplos de actividades siempre deben ser usados en el contexto de juego y observando con atención las respuestas y reacciones del niño/a.



Usar elementos con peso

Existen en el mercado elementos con peso que ayudan al niño/a a regular las sensaciones negativas y la ansiedad que le provocan algunas texturas y superficies. El peso actúa como presión profunda sobre grandes segmentos del cuerpo, por lo tanto mejorando la propiocepción y la respuesta sensorial. Entre éstos elementos existen frazadas, chalecos y otros que ayudan al niño por ejemplo a regular la distractibilidad e hiperactividad en la sala de clases.


Permite la exploración segura

Como buscamos que el niño/a pueda procesar de mejor manera la entrada táctil y pueda regularse con distintas texturas, buscaremos justamente darle diversidad de estímulos táctiles, pero de manera controlada y siempre que el niño/a lo tolere y disfrute. Como ya mencionamos, lo que no hay que hacer es bombardear con texturas. Entonces ¿cómo lo trabajamos?. En un contexto de juego seguro, prueba ir introduciendo elementos de menos "intensidad" táctil y más, según el niño/a lo vaya tolerando. Por ejemplo: podemos hacer una caja con arena y esconder dentro de ella algunos juguetes que al niño/a le gusten. El juego consiste en buscarlos dentro de la arena y rescatarlos. Si el niño/a está muy temeroso, puedo mostrarle yo con mis propias manos como busco uno, y también guiar su mano a encontrar uno. Como mencionamos, siempre muy atentos a las reacciones del niño y asegurándonos que lo pasa bien explorando nuevas sensaciones.


Comunica

Un gran elemento que causa ansiedad al niño/a es el no saber cuándo o desde dónde vendrá un estímulo táctil que le genere incomodidad. Por lo tanto, una manera de ayudar a tu hijo/a es evitar el tacto inesperado, y también comunicarle antes de tocarlo. Puedes probar preguntarle antes de intentar abrazarlo, "¿te parece si nos damos un abrazo?", en lugar de forzar un tacto que puede que le moleste. En los casos que el niño/a acepta un abrazo, éste idealmente debe ser apretado (obviamente no en exceso, de manera que moleste al niño) tipo "abrazo de oso", lo cual aplica el mismo concepto de presión profunda que ya mencionamos y calma al niño. Así mismo, si la edad del niño/a lo permite, podemos enseñarle a explicar su defensividad táctil a sus amigos por ejemplo, con el fin de prevenir peleas o malos ratos para el niño en el colegio.


Nota: los trastornos de integración sensorial deben ser evaluados e intervenidos por un Terapeuta Ocupacional, quien es el profesional apropiado para dichos procesos.

¿NECESITAS TERAPIA OCUPACIONAL?