¿Cómo ayudar a mi hijo/a con Disfunción de Integración Sensorial?


Cómo hemos mencionado constantemente en nuestros posts, los padres y madres son un pilar fundamental para la estimulación y el aprendizaje de sus hijos/as. Más que nadie, los padres y madres pueden marcar una gran diferencia a la hora de ayudar a sus hijos en el desarrollo de una mejor integración de las sensaciones cuando existe un problema en el aprendizaje o comportamiento.

Cuando los padres o madres son comprensivos y apoyan el desarrollo, los niños y niñas tienen menos dificultades en su desempeño en general y serán probablemente más felices. Es por esto que es importante que les contemos lo que pueden hacer para aumentar la satisfacción de ustedes mismos y de sus pequeños/as.


  1. Reconocer y aceptar el problema

Los cuidadores principales, ya sean madres, padres u otros suelen notar cuándo en su hijo/a las cosas no van cómo deberían. Muchas veces se les hace difícil explicarlo y por lo tanto reconocer cual es el problema. A veces se dan cuenta debido a que comparan su conducta con la de sus hermanos/as.


Cuándo esto ocurre y son derivados a terapia ocupacional, es importante no sólo aplicar un enfoque educativo/intelectual en el aprendizaje de sus hijos/as, si no que es fundamental comenzar con estrategias de integración sensorial, ya que el cerebro de un niño con disfunción desde lo sensorial necesitará sí o sí de diferentes estímulos o adaptaciones del entorno para participar de manera satisfactoria.


Percibir el problema pronto, aumenta las probabilidades de minimizar los efectos y le entrega a la familia una adecuada perspectiva de las consideraciones y estructura que su hijo/a necesita.


  1. Ayudarles a sentirse bien consigo mismos

Suele ocurrir que los niños con disfunciones de integración sensorial dudan de sus capacidades, sobre todo en las áreas que se les hacen más difíciles, por lo tanto es importante que los entendamos y los ayudemos a no perder su autoestima.


a. Un problema que no pueden controlar

Estas dificultades son causadas por impulsos eléctricos y químicos del cerebro, por lo tanto son los culpables de que los niños/as estén más irritables, se les haga difícil coordinar sus movimientos, no puedan tolerar estímulos o tengan comportamientos que no suelen ser aceptados por los adultos.

Por lo tanto, les sugerimos detenerse un segundo y antes de perder la paciencia, pensar que su hijo o hija no lo pueden controlar. Esto podría hacer más fácil aceptar su comportamiento y comprender su disposición.

b. Anticiparse a crisis emocionales

“Debemos ayudar a nuestros niños a conservar un buen concepto de sí mismos evitando situaciones que puedan desbordar su sistema nervioso.Es por esto que tenemos que aprender a percibir cuando están a punto de perder el control de sí mismos o no van a ser capaces de tolerar ciertos estímulos. Sacarlos de ese tipo de entorno o reducir la cantidad de estimulación que los rodea, es una buena solución.

Ej. celebrar un cumpleaños sólo con 2 amigos en un entorno tranquilo.


c. Alternativas al castigo

Cuando vemos que nuestro hijo o hija “pierde el control” como lo mencionamos en el punto anterior, no debemos castigarlos. Ellos ya se sienten mal por como se han comportado y el castigo los hará sentirse culpables y avergonzados. En cambio debemos ofrecerle algo que lo lleve de vuelta a la calma como; un lugar tranquilo, lejos del estrés como su pieza y sensaciones organizadoras como uno de sus peluches, su manta favorita, un abrazo, etc.

Es importante que conozcamos los gustos y preferencias sensoriales de nuestros hijos o hijas para que esta sea una experiencia positiva.


d. Disciplina

Todos los niños y niñas necesitan disciplina, que se les recompense el buen comportamiento y que se les limiten los privilegios cuando el comportamiento no es el adecuado.

Lo importante es que la disciplina debe ser coherente, consecuente y consciente. Es importante que le indiquemos a los niños qué hemos decidido y por qué lo hemos decidido y mantenerse “fiel” a lo que dictamos, por lo mismo. es más importante aún que pensemos bien antes de decidir una norma o decir que “no”.

“Para que sea útil, la disciplina debe contribuir a organizar el cerebro del niño y no a desorganizarlo.”


e. Expectativas

Muchas veces los padres y madres influyen en el autoconcepto que tienen los niños al esperar de ellos lo que no podrán entregarles. La disfunción de la integración es fácil de olvidar, ya que no se ve, por lo tanto es fácil de olvidar para las personas que rodean al niño. Por lo tanto, cuando le entregues expectativas a tu hijo o hija, asegúrate de que estén dentro de las capacidades particulares de su sistema nervioso.


f. Acentuando lo positivo

“Una forma de fomentar el concepto de sí mismo del niño es resaltando y comentando las cosas positivas que hace”, por lo tanto, el refuerzo positivo, va a ser clave para el aprendizaje de nuestros niños y niñas. Acentuemos lo positivo e intentemos ignorar los comportamientos negativos.


2. Controlar el entorno


Es importante que les demos a los niños organización y una estructura, esto le entrega estabilidad. Una vida y casa bien organizadas fomentarán el orden y organización del cerebro. Por lo tanto, es importante enseñarle a nuestros niños que cada actividad tiene su propio tiempo y cada objeto su lugar. Les recomendamos que hagan horarios o entreguen ayudas visuales para recordar y organizar las distintas actividades del día.


Algunos consejos para el entorno:


  1. Recuerden a sus familiares que cuando el niño o niña rechaza besos y abrazos no es algo personal, probablemente no prefiera el contacto físico y con un movimiento de la mano bastará.

  2. Si los niños y niñas piden y disfrutan de las actividades de movimiento, es importante ofrecerles espacios y tiempo para realizarlas.

  3. Algunos niños son excesivamente sensibles a olores o sonidos de la casa, es importante darse cuenta de que simplemente perciben los estímulos de forma diferente e intentar protegerlos de lo que esté a nuestro alcance.

  4. Cuando el entorno exige demasiado, su hijo le entregará ciertas señales de alerta, intentemos dentro de lo posible, notarlas.

  5. Ayudar a tu hijo/a a aprender a jugar

“La sociedad tiende a subestimar la importancia del juego”.


Muchas veces vemos que a nuestros niños y niñas no les gusta jugar con tantos juguetes o no tan variados como los demás y tendemos a pensar que simplemente no es de su interés.

Los niños o niñas deberían tener una motivación intrínseca por jugar, esta motivación es la clave para que un juego tenga sentido, con ella le damos la creatividad a que una torre de legos sea un castillo o que una simple pelota se convierta en un masajeador o un medio de transporte. “El objetivo de un juguete debería ser ofrecer al niño muchas oportunidades de poner en práctica su imaginación”.

Además, el juego es esencial para el aprendizaje, a través de él podemos desarrollar la capacidad de planificar, organizar acciones, conocer nuestro cuerpo, regular nuestras emociones, desarrollar el lenguaje, entre muchos otros.

Por lo tanto, ofrezcamos todo tipo de actividades y experiencias sensoriomotoras. Les recomendamos llevarlos a los parques, playas, jugar en el patio de la casa a trepar, esconderse o armar juegos con lo que encontremos dentro de nuestro hogar.


3. Buscar ayuda profesional


Por último, si sospechan de que su hijo o hija presenta dificultades en la integración sensorial, les recomendamos comentarlo con su pediatra o educadores quienes podrían ayudarles a contactarse con un terapeuta ocupacional infantil especializado en integración sensorial. Te recomendamos pedir ayuda cuanto antes, si el problema de tu hijo/a está realmente relacionado con la integración sensorial, es difícil que pueda simplemente superarlo con la edad.


“Todo lo que se haga durante la primera infancia por ayudar al cerebro a desarrollarse con más eficiencia será de gran utilidad para que el niño pueda en el futuro afrontar mejor las demandas académicas y emocionales”



Referencias:

Ayres, J. (2008). La integración sensorial en los niños. Desafios sensoriales ocultos. Madrid: TEA Ediciones.


¿NECESITAS TERAPIA OCUPACIONAL?