Lactancia en el Niño Prematuro: mirada desde Enfermería

Actualizado: abr 5

La lactancia es una experiencia muy bella de la maternidad, pero también es complicada, a veces fácil y a veces difícil… Existen muchísimos mitos al respecto y opiniones diversas en distintos puntos, pero creemos como equipo en los enormes beneficios que tiene y sabemos que es nuestra responsabilidad -como mujeres y como profesionales de la salud- informarnos al respecto, con el fin de promoverla y -ojalá- poder ayudar a las madres o futuras madres de forma responsable y respetuosa. En este post nos asesora la enfermera Monica Turner, egresada de la Universidad Católica de Chile.

"Como muchas madres sabrán, la lactancia materna tiene múltiples beneficios, tanto para el niño como para la madre. En primer lugar, la leche materna es el mejor alimento para la guagua porque tiene todos los nutrientes necesarios y va variando en su composición y cantidad a medida que el niño va creciendo y van cambiando sus necesidades nutricionales, por lo que no existe leche de fórmula que iguale o supere a la leche materna.

Además, la lactancia materna protege a tu hijo de enfermedades al entregarle defensas (componentes del sistema inmune) a través de la leche, es como una verdadera vacuna! Esto es fundamental, ya que los recién nacidos no tienen desarrollado por completo el sistema inmune todavía.

La lactancia también mejora su desarrollo cognitivo, psicomotor y psicosocial, disminuye los riesgos de enfermedades agudas y crónicas a futuro, y ayuda a formar un fuerte lazo afectivo madre-hijo. Por otro lado, también tiene beneficios para la madre, entre los que destacan que ayuda a controlar el peso y el aspecto de los pechos (mantiene firmeza y elasticidad), disminuye el riesgo de depresión postparto y mejora el autoestima; además, disminuye el riesgo de cáncer de mama y ovario, y disminuye el tiempo de sangrado postparto.

Algunas madres saben también que cuando un niño nace prematuro, la lactancia materna se ve interrumpida o se dificulta, ya que muchos niños no pueden alimentarse directamente al pecho por su inmadurez, o porque por su gravedad, alguna complicación médica o patología asociada, no pueden recibir alimentación por algún tiempo. Por esto es fundamental que las madres sepan lo importante que es la leche materna, sobre todo en los niños prematuros, en los que además se agrega que ayuda a disminuir el riesgo de enterocolitis necrotizante (enfermedad muy común en los recién nacidos prematuros) y de contraer infecciones.

Además, la leche materna es mejor tolerada a nivel digestivo que la leche artificial, por lo que mejora el tránsito intestinal y provoca menos cólicos en los niños. Si el niño no puede alimentarse directamente al pecho, existen otras formas de alimentarlo con la leche materna, como extraerse la leche y dársela en mamadera o a través de una sonda cuando no puede succionar y tragar bien todavía. Para esto existen los lactarios en los servicios de neonatología, en los que las madres pueden ir y extraerse leche para luego dejarla en el hospital y que le llegue a sus hijos, todo esto con ayuda de los profesionales de la salud.

Facilitando el inicio de la Lactancia

Por otro lado, si el niño ya puede alimentarse directamente al pecho, existen muchas maneras de facilitar el inicio de la lactancia y de hacerlo más agradable y cómodo. Lo primero, antes de ponerse a la guagua al pecho, es que la madre esté cómoda: que busque un sitio privado y silencios. Es recomendable que te sientes con la espalda bien apoyada en el respaldo o con ayuda de cojines; también puedes amamantar acostada, dependiendo de la posición que te acomode más. Si prefieres estar sentada, también ayuda poner los pies sobre un piso u otra cosa para tenerlos más elevados y así cuando tomes a la guagua, pueda sostenerla al mismo nivel que los pechos. Para sostener mejor al niño y que quede más a nivel de los pechos y más contenido, es muy útil el cojín de lactancia, que es un cojín en forma de “C” que abraza la cintura de la madre; si no tienes este cojín, puedes ocupar varios cojines y acomodarlos sobre sus piernas y alrededor tuyo, para que así cumpla la misma función que el cojín de lactancia, el que ayuda a sostener mejor al niño, sobre todo si te acomoda alguna posición en que los pies de la guagua van hacia atrás.

Luego de que estás cómoda, puedes tomar a tu hijo/a en brazos y ponerlo en la posición que más les acomode a ambos (en la que sientas que tu guagua toma mejor). Las posiciones que en general acomodan más para el comienzo son sentada con el niño acostado o con los pies hacia el pecho contrario del que lo acoplará o hacia atrás, es decir, hacia su cintura y espalda. Una posición que suele recomendarse también, sobre todo para niños que tienden a quedarse dormidos o son más hipotónicos, es la posición caballito, en la que la madre pone al niño sentado en una de sus piernas y le sujeta la cabeza. Otra posición común es acostada de lado con la guagua frente a ella.

Es importante que, para que el niño tome bien el pecho, succione con más facilidad y a la madre no le duela (esto es importante! Si te duele, es porque el bebé no está bien acoplado), la cabeza de la guagua esté a la misma altura que el pecho y que su cuerpo esté pegado al de la madre (“guatita con guatita”) y alineado. Una vez logrado todo lo anterior, viene el acople al pecho.

Para lograr un buen acople, se debe esperar a que el niño abra la boca y empiece a buscar el pecho, o estimular a que abra la boca rozando con el pezón los labios del niño. Cuando abra la boca, con un movimiento rápido la madre debe llevar la cabeza de la guagua al pecho, y para poder tener un buen control de la cabeza se recomienda tomarla de oreja a oreja, con los dedos pulgar y meñique. Para saber si la guagua quedó bien acoplada, hay algunos signos que lo indican: que su nariz esté pegada al pecho (respira por los lados de la nariz, no se va a ahogar) o a apenas 1 cm, que sus labios estén evertidos como un pescado y cubriendo toda la areola o lo que más se pueda, para que el pezón quede entre el paladar blando (bien atrás) y la lengua, y que al succionar se escuche cuando traga y no se escucha que aspira aire.

Como la leche va cambiando su composición mientras el niño la va tomando, y al inicio de la toma es más aguada y al final más grasienta y concentrada, es bueno que se alimente de un pecho hasta que la madre lo sienta vacío, antes de pasar al otro. También es aconsejable intercalar el pecho con el que inicia cada vez, es decir, si una vez partió con el izquierdo por ejemplo, a la siguiente vez comenzar con el derecho, para así ir vaciándolos los dos. Recuerda que estos son “ideales”, si no es posible que se haga así cada vez que le das pecho, no te estreses, la lactancia es un proceso de aprendizaje tanto para tí como el bebé.

No pienses que tu leche es insuficiente porque ves que es poca cantidad la que produces o porque tus pechos no son grandes! No existe relación entre el tamaño de los pechos y la producción de leche, todas las madres pueden producir leche y la gran mayoría (más de un 90%) produce adecuadamente leche. Además, la cantidad de leche producida se adecúa a la edad y tamaño del niño, es decir, los primeros días va a ser baja porque el estómago del recién nacido es muy pequeño (sobre todo el del prematuro), pero luego cuando la guagua va creciendo, también va aumentando la cantidad de leche que se produce. Está comprobado que entre más veces se pongan el niño al pecho o entre más se extraiga leche, más leche producen las madres; y entre más se vacíe el pecho, también más leche se produce.

Por último, no hay relación entre la alimentación de la madre y la producción de leche, es decir, no influye lo que coma en la cantidad o calidad de la leche producida. Sí es muy importante que las mamás se mantengan bien hidratadas, que tomen más de 2 litros de líquidos al día, ya que la leche es en su mayoría agua, por lo que el amamantar las puede deshidratar fácilmente.

Recuerden que la lactancia puede ser a libre demanda, es decir, cuando sientas que el niño tiene hambre (eso sí no deben pasar más de 3-4 horas) o cuando sientan que sus pechos están llenos, turgentes o les comiencen a molestar. Si les duele al amamantar, intenten primero corregir la técnica de acople del niño al pecho, ya que suele deberse a un mal acople; si les sigue doliendo, tienen sensibles los pezones o comienzan a salirles heridas, una pomada muy buena es la Lanolina, que regenera la piel e hidrata y no se debe retirar para ponerse la guagua al pecho. Puedes aplicarla cuantas veces quieras, antes o después de dar pecho. También sirve la misma leche, la que se puede esparcir por el pezón y dejar secar al sol. Los pechos no deben lavarse más de una vez al día y sólo con agua, porque o sino se secan y es más fácil que se formen heridas

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Si tienen dudas o inquietudes, pueden acercarse a enfermeros(as) o matronas(es) del hospital donde se encuentre su hijo hospitalizado o consultar a algún profesional de la salud experto en el tema, no duden en hacerlo! Existen asesoras de lactancia que están especialmente formadas en el tema y pueden ser una gran solución si estás teniendo problemas.

Lo más importante es disfrutar a sus niños, aprovechar el momento de la lactancia -sea del pecho o mamadera, materna o fórmula, a libre demanda o con horario…- en el que están en profunda conexión sólo ustedes dos, y disfrutar de ese vínculo profundo y único."

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