Terapeutas infantiles: ¿Cómo podemos fomentar la autoestima en los niños?

Actualizado: jun 13

En las palabras de la reconocida psicóloga infantojuvenil Andrea Cardemil “Se tiende a creer que tener una autoimagen positiva solamente implica reconocer en uno mismo características valiosas. Pero es mucho más que eso. También implica reconocer en uno mismo los aspectos que no nos gustan tanto, y pese a ello querernos igual”. En este post te contamos cómo podemos -como terapeutas, educadores, o cualquier profesional que trabaje con niños-.


En las palabras de la reconocida psicóloga infantojuvenil Andrea Cardemil “Se tiende a creer que tener una autoimagen positiva solamente implica reconocer en uno mismo características valiosas. Pero es mucho más que eso. También implica reconocer en uno mismo los aspectos que no nos gustan tanto, y pese a ello querernos igual”.

Esta frase invita a reflexionar y se hace imposible no vincularla al contexto de los niños que acompañamos en su desarrollo desde la intervención terapéutica de rehabilitación infantil.

La autora propone en lugar del término “autoestima positiva”, el de “autoestima nutritiva”, y no puedo estar más de acuerdo. Como profesionales que trabajamos con niños, es fundamental que nosotros también -además de los padres- comprendamos esta noción. Repitamos: la autoestima implica reconocer lo que no nos gusta de nosotros mismos, aceptarlo, y querernos igual.

En la intervención directa con niños nos encontramos con dificultades día tras día. Trabajamos de distintas maneras para disminuir o atenuar las dificultades de un niño (ya sean comunicativas, motoras, cognitivas, sociales…), o bien, para que el niño/a logre funcionar mejor en su día a día a pesar de dichas dificultades. Por lo tanto, podríamos decir que lo que hacemos en rehabilitación infantil se relaciona muchísimo con la autoestima nutritiva.

Nos encontramos a veces con que los padres niegan o minimizan los problemas de sus hijos con el miedo de que visibilizarlos frente a ellos pueda afectarlos de forma negativa en cuanto a su autoestima. He visto papás y mamás que no quieren decir una palabra puntual frente a sus hijos (como “hemiplejía” o “trastorno”) porque temen que los niños se vean afectados, o a padres que frente a problemas de conducta ponen etiquetas a sus hijos como “eres muy regalón”, “eres un manipulador/a”. Por otro lado, también he visto esta conducta en profesionales. Minimizar o negar los defectos o problemas es lo contrario de lo que tenemos que hacer, que según la autora mencionada es “aceptarlos, trabajarlos, e integrarlos”.

¿Cómo podemos como terapeutas contribuir a una autoimagen nutritiva?


Podemos llamarnos afortunados porque tenemos muchas oportunidades para contribuir. Como terapeutas, nos enfrentamos de cara a las limitaciones de los niños. En este sentido, nuestro mensaje no es “tú sólo tienes cualidades positivas” ni es negar las dificultades, si no al contrario. En nuestras intervenciones nuestro mensaje de trasfondo es - o debiese ser siempre- “sí, tienes dificultades pero eres valioso y digno de ser amado con esas dificultades. Sí, te cuesta mucho hacer X, pero tienes estas otras habilidades que son parte de tí, y, especialmente, “tú puedes superar esas dificultades”.

  • Mensajes positivos sin exagerar: Durante nuestra intervención, podemos destacar aspectos positivos de la personalidad del niño, de sus intereses o capacidades, en los momentos que sea pertinente. Esto último se relaciona con que el mensaje tenga significado para el niño/a y no sea algo que decimos porque sí. De esta forma, podemos caer en el extremo de adular a los niños y de generar que se vuelvan dependientes a ese mensaje en nuestra intervención, o bien de que cuando los alabemos de verdad se pierda el significado.

  • Disminuir la crítica: si bien las correcciones son parte fundamental de la rehabilitación para poder ir mejorando aquello que estamos trabajando, no queremos criticar en exceso. Lo ideal es disminuir las críticas a las estrictamente necesarias: por su puesto que debemos corregir o mostrarles si se están equivocando, pero no es necesario hacerlo siempre, a cada momento. Podemos partir por hacernos conscientes en nuestra próxima sesión de las cosas que decimos al niño/a, y luego detenernos a pensar si lo que vamos a decir es constructivo para el niño/a o la familia o bien, es pura crítica que no aporta. Importa el qué decimos, cuándo lo decimos (ojo, no todos los momentos son para corregir) y el cómo lo decimos. No es lo mismo decir “Tomás, de nuevo te equivocaste, ya te he repetido que esa pieza del puzzle no va ahí” a decir “Tomás, ¿estas seguro que esa pieza va ahí? parece que no queda muy bien en ese lugar”.

- En este punto es muy importante mencionar que esto vale también para las familias. No tiene ningún efecto positivo para ellos el estar constantemente criticando sus acciones, al contrario. Queremos resaltar sus esfuerzos por estimular a sus hijos y destacar sus fortalezas, y queremos hacerlos sentir competentes en el cuidado de y estimulación de sus hijos. En lugar de criticar, los vamos orientando en corregir aquellas cosas que se pueden y deben mejorar.

  • Mensajes yo: En lugar de decir “Cata, te has portado pésimo esta sesión”, podemos decir “Cata, cuando no quieres jugar conmigo yo me siento triste porque te preparé todos estos juegos para tí”. El poder de este tipo de mensajes es que en lugar de atacar al niño/a o descalificar, estamos describiendo lo que no nos gusta. Les ayuda a entender mejor el mensaje, a desarrollar la empatía, y a ver las cosas desde la perspectiva de otro.

  • Evitar etiquetas: Es una tremenda forma de contribuir a la autoimagen nutritiva. Recordemos que los humanos actuamos en función de las creencias que tenemos de nosotros mismos, y que los niños configuran sus creencias de sí mismos en base a que los adultos les decimos. Ojo, no se trata de negar las dificultades, pero tener cuidado con cómo las verbalizamos. Si tengo un niño pequeño que tuvo bastante llanto durante la sesión y que estuvo pegado a su mamá la mayor parte del tiempo, evitemos a toda costa usar etiquetas como “mamón”, o “llorón”. No sólo porque no contribuye en nada a la autoestima nutritiva, (al contrario, la daña) si no también porque como terapeutas, debemos mirar más allá de esa conducta. ¿Porqué no logré que se sintiera cómodo durante la sesión?, ¿qué necesitamos hacer para que la próxima vez logre entrar en confianza?, ¿qué cosas de mi actuar pudieron incluir en la conducta del niño hoy?. Claramente, esto último es muchísimo más constructivo para nuestra intervención y especialmente, cuida la autoestima del niño y sienta una base de imitación para la madre.

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