Tartamudez infantil: qué sabemos hoy sobre sus causas, evolución y tratamiento
- Crecer de Colores

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La tartamudez infantil es una dificultad de la fluidez del habla que suele comenzar durante los primeros años de vida. Puede manifestarse mediante repeticiones de sonidos o sílabas, prolongaciones y bloqueos, y su intensidad puede variar considerablemente entre personas y también en una misma persona.
Pero ¿qué sabemos actualmente sobre la tartamudez? ¿Por qué algunos niños dejan de tartamudear y otros continúan haciéndolo? ¿Qué papel tienen la genética y el cerebro? ¿Y qué objetivos debería tener una intervención?
Un artículo publicado en 2025 en la revista Neurobiology of Language reúne los contenidos y las principales discusiones de un taller organizado por el National Institute on Deafness and Other Communication Disorders (NIDCD), realizado el 28 y 29 de junio de 2023. En este encuentro participaron investigadores, profesionales clínicos, representantes de organizaciones de apoyo y otros especialistas para analizar los avances actuales y las principales preguntas que todavía existen en torno a la tartamudez.
En este artículo revisamos algunos de los principales aspectos abordados en esta publicación.
¿Qué es la tartamudez infantil?
El artículo describe la tartamudez como un trastorno del neurodesarrollo de inicio infantil que involucra interrupciones en la producción del habla.
Estas interrupciones pueden presentarse como repeticiones de sonidos o sílabas, prolongaciones y bloqueos. También pueden estar acompañadas de esfuerzo, conductas compensatorias y una sensación de pérdida de control sobre el habla.
La tartamudez puede verse influida por diferentes factores sociales, emocionales y lingüísticos, y su gravedad puede variar ampliamente entre personas.
La tartamudez es relativamente frecuente durante la infancia. El artículo señala que entre un 5% y un 11% de los niños atraviesa un período de tartamudez durante los años preescolares, aunque la recuperación sin intervención es frecuente. A nivel mundial, la tartamudez afecta a más del 5% de los niños en edad preescolar y permanece de forma crónica en aproximadamente el 1% de los adultos.
¿Por qué algunos niños dejan de tartamudear y otros continúan?
Una de las preguntas importantes de la investigación actual es comprender qué factores están relacionados con la persistencia o la recuperación de la tartamudez.
La mayoría de los niños que se recuperan lo hacen aproximadamente durante los primeros 18 meses desde el inicio de la tartamudez. A medida que aumenta el tiempo desde el comienzo, disminuye la probabilidad de recuperación. Además, los niños que comienzan a tartamudear después de aproximadamente los 4 años podrían presentar un mayor riesgo de persistencia.
Los niños que tienen antecedentes familiares de tartamudez que persiste hasta la adultez presentan una mayor probabilidad de mantenerla, y los niños varones presentan una mayor probabilidad de persistencia que las niñas.
Sin embargo, estos factores no permiten determinar por sí solos qué ocurrirá con un niño en particular. Una de las prioridades de investigación es comprender cómo interactúan distintos factores demográficos, clínicos, fisiológicos y neurobiológicos a lo largo del desarrollo.
¿La tartamudez tiene un componente genético?
La genética tiene una influencia importante en el riesgo de desarrollar tartamudez. Los estudios realizados en familias y gemelos han encontrado una importante contribución genética. Sin embargo, los resultados disponibles indican que la tartamudez no suele explicarse por un único gen. La evidencia actual apunta a una arquitectura genética compleja, en la que pueden participar múltiples factores genéticos y no genéticos.
Los investigadores han identificado diferentes variantes genéticas asociadas con la tartamudez y continúan estudiando cómo estas podrían relacionarse con el desarrollo y funcionamiento de los circuitos cerebrales involucrados.
La relación entre genética, desarrollo cerebral y tartamudez aún no se comprende por completo, por eso, su investigación sigue siendo clave.
¿Qué relación existe entre el cerebro y la tartamudez?
La investigación neurocientífica ha encontrado diferencias en determinadas redes cerebrales de las personas que tartamudean. Entre ellas se encuentran circuitos relacionados con la producción y planificación del habla, incluyendo conexiones entre los ganglios basales, el tálamo y diferentes regiones corticales.
Los estudios de neuroimagen también han observado diferencias en regiones relacionadas con la memoria motora del habla, la iniciación, secuenciación y sincronización de los movimientos del habla y su ejecución.
En niños, algunos estudios longitudinales han encontrado diferencias en las trayectorias de desarrollo de determinadas estructuras cerebrales entre quienes posteriormente mantienen la tartamudez y quienes se recuperan.
Estos hallazgos pueden ayudar a comprender mejor la persistencia y recuperación de la tartamudez. Sin embargo, aún se necesitan más estudios para entender cómo estos cambios cerebrales se relacionan con la evolución de cada niño.
La tartamudez no depende solamente de cómo habla el niño
Una de las ideas relevantes que plantea el artículo es que la tartamudez no debería estudiarse únicamente observando las interrupciones visibles del habla.
Las personas que tartamudean pueden desarrollar anticipación: saben o sienten que una determinada palabra podría resultar difícil antes de decirla. Frente a esta anticipación, pueden modificar lo que iban a decir, cambiar una palabra, retrasar el inicio del habla o incluso decidir no hablar en una determinada situación.
Además, la tartamudez puede variar según el contexto comunicativo. Los factores sociales y cognitivos pueden influir en cómo se manifiesta, lo que hace especialmente importante estudiar la tartamudez en situaciones de comunicación reales y no solamente mediante tareas experimentales.
Esto ayuda a comprender por qué la cantidad de momentos de tartamudez no necesariamente refleja por completo el impacto que esta tiene en la vida de una persona.
¿Qué papel tienen la atención y las funciones ejecutivas?
También se revisa la investigación sobre atención y funciones ejecutivas, incluyendo habilidades como memoria de trabajo, inhibición y flexibilidad cognitiva.
Algunos estudios han encontrado diferencias sutiles en estas habilidades entre niños que tartamudean y aquellos que no. Sin embargo, los resultados no son consistentes entre las investigaciones y pueden estar relacionados con factores como la edad, las características de las tareas utilizadas y otras habilidades del habla y del lenguaje.
Por esta razón, consideran necesario realizar estudios más amplios y sistemáticos que permitan comprender mejor cómo interactúan estos procesos cognitivos con el lenguaje y la producción del habla durante el desarrollo.
¿Qué dice la investigación sobre el tratamiento de la tartamudez en niños pequeños?
Este es uno de los puntos en los que el artículo plantea importantes desafíos para la investigación.
En niños pequeños, muchas de las intervenciones utilizadas actualmente son indirectas: buscan modificar el entorno comunicativo del niño y suelen involucrar activamente a los padres.
Sin embargo, señalan que los estudios bien diseñados sobre los resultados de estas intervenciones son relativamente escasos. La evidencia disponible muestra poca diferencia entre el tratamiento y la recuperación sin intervención, con tasas cercanas al 70%. Además, los mecanismos específicos que explicarían las mejoras en la fluidez cuando estas se observan todavía no están suficientemente claros.
También se señala que existe controversia respecto de algunos componentes de las terapias convencionales para la tartamudez infantil y plantea la necesidad de investigar con mayor precisión qué elementos de las intervenciones son realmente efectivos.
Por eso, consideran necesario realizar estudios clínicos de mayor escala, con seguimientos prolongados, que permitan comparar los resultados de las intervenciones con la recuperación que ocurre sin tratamiento.
¿El objetivo de la terapia debería ser eliminar la tartamudez?
Una parte de la investigación y de las intervenciones se ha centrado tradicionalmente en disminuir los momentos de tartamudez y aumentar la fluidez del habla. Sin embargo, también surge una perspectiva más amplia: considerar como objetivos terapéuticos la comunicación espontánea, auténtica y efectiva, además de la participación de cada persona en situaciones comunicativas significativas.
Esto no significa que mejorar la fluidez deje de ser un objetivo válido. Se reconoce que muchas personas desean hablar con mayor fluidez y que continuar investigando formas de abordar esas dificultades sigue siendo importante. Al mismo tiempo, plantea que la fluidez observable no debería ser el único indicador para determinar el impacto de la tartamudez ni el resultado de una intervención.
También se muestra que la frecuencia o duración de los momentos de tartamudez se relaciona débilmente con otras formas de impacto, como las reacciones emocionales, cognitivas y las limitaciones que una persona puede experimentar en su vida cotidiana.
¿Por qué es importante mirar a cada niño de manera individual?
La tartamudez presenta una gran variabilidad.
Los niños pueden diferir en la frecuencia y duración de sus momentos de tartamudez, en los factores que pueden intensificarla, en sus respuestas emocionales y en el impacto que tiene sobre su comunicación y participación.
Por esta razón, se plantea la necesidad de comprender mejor los diferentes perfiles de niños y adultos que tartamudean y desarrollar intervenciones que consideren estas diferencias individuales.
El objetivo no es solamente identificar qué funciona “en promedio”, sino avanzar hacia intervenciones que puedan responder de mejor manera a las características y necesidades de cada persona.
¿Qué podemos aprender de esta evidencia?
La investigación actual muestra que la tartamudez infantil es una condición compleja del neurodesarrollo en la que participan múltiples factores.
Sabemos que muchos niños atraviesan un período de tartamudez durante la etapa preescolar y que una proporción importante se recupera. También sabemos que existen factores asociados con una mayor probabilidad de persistencia, pero todavía no es posible predecir con certeza la evolución individual de cada niño.
La investigación también está avanzando en la comprensión de las bases genéticas y neurobiológicas de la tartamudez y en cómo estas se relacionan con el desarrollo del habla. Al mismo tiempo, existe una discusión creciente sobre cómo evaluar el impacto de la tartamudez y qué objetivos deberían priorizar las intervenciones.
Para las familias, esto refuerza la importancia de mirar más allá de la cantidad de repeticiones o bloqueos que presenta un niño. La experiencia que tiene al comunicarse, su participación y la forma en que vive sus dificultades también son aspectos relevantes.
Una evaluación fonoaudiológica permite conocer las características particulares de la fluidez del habla de cada niño y comprender cómo estas dificultades están influyendo en su comunicación y participación.
En Crecer de Colores contamos con Fonoaudiología Infantil para acompañar a niños y niñas con dificultades de fluidez del habla, considerando sus características individuales y trabajando junto a sus familias.
📩 Si tienes dudas sobre la fluidez del habla de tu hijo o hija, puedes contactarnos para conocer más sobre el proceso de evaluación.
Referencia
Chang, S.-E., Below, J. E., Chow, H. M., Guenther, F. H., Hampton Wray, A. M., Jackson, E. S., Max, L., Neef, N. E., SheikhBahaei, S., Shekim, L., Tichenor, S. E., Walsh, B., Watkins, K. E., Yaruss, J. S., & Bernstein Ratner, N. (2025). Stuttering: Our Current Knowledge, Research Opportunities, and Ways to Address Critical Gaps. Neurobiology of Language, 6, nol_a_00162. https://doi.org/10.1162/nol_a_00162.








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